Hoy en día existe en la sociedad mayor conocimiento y conciencia sobre los beneficios del ejercicio sobre el cuerpo y la salud, y el ideal de mantener una vida sana. Sabemos que los mayores beneficios se obtienen a través de los ejercicios que refuerzan el sistema cardiovascular, y aunque no todos los ejercicios generan el mismo impacto de salud, la simple sensación de bienestar y vitalidad que producen al realizarlos es lo que atrae a muchas personas.
Sin embargo, el exceso de ciertas actividades o ejercicios puede llegar a afectar nuestra salud de manera negativa. Esto ocurre por ejemplo en la halterofilia y el culturismo. El objetivo de ambas técnicas incluye el desarrollo y control de la masa muscular niveles mayores de lo habitual, lo cual en sí mismo no representa un problema. Éste surge en aquellas personas que deciden llevar su entrenamiento al extremo, con la toma de fármacos y suplementos nutricionales y sin la adecuada supervisión de médicos o nutricionistas.

Con el fin de aumentar su masa muscular, estas personas inician un consumo desmedido de anabolizantes, de concentrados de proteínas o incluso de urea y creatinina pura; lo que representa una enorme carga de trabajo metabólico para nuestro organismo, que muchas veces no se encuentra preparado para esto.

Este estrés físico y metabólico, así como el propio uso de los anabolizantes, promueven el desarrollo de hipertensión arterial en estos individuos, la cual muchas veces pasa desapercibida o no se le da la importancia que se merece, al tratarse de sujetos jóvenes, e inicialmente sin síntomas. A su vez, la hipertensión se continua desarrollando y produciendo daños en la microvasculatura del organismo, en general, y sobre todo en órganos específicos como el cerebro, el riñón y los ojos, entre otros.

En el caso del riñón este daño es constante e inicia primero como hiperfiltración, es decir, el riñón recibe una presión arterial mayor que para la que está preparado, y el resultado es que a través de la membrana glomerular (el filtro del riñón), pasan más proteínas y metabolitos de los que deberían, generando a su vez daño crónico sobre este filtro, que cada vez dejará pasar más y más proteínas.

Lo que habitualmente ocurre es que estas personas al no sentir ningún tipo de síntoma, pasan meses y años sin buscar atención médica, con un progresivo e irreparable daño desarrollándose en su organismo. Para el momento que acuden a un centro sanitario, ya sea por un control de rutina o por presentar algún síntoma, y se evidencia alteración de los vasos de la retina o de la función renal, usualmente es tarde para revertir estos síntomas. En muchos casos, el daño renal es tan avanzado que en pocos meses requerirán iniciar una terapia renal sustitutiva con los cambios de salud y del estilo de vida que dichas técnicas conllevan.

El uso de medicamentos y productos farmacológicos fuera de indicación médica conllevan grandes riesgos, mayores si no existe una supervisión adecuada del consumo de los mismos. Igualmente, el ejercicio realizado de manera adecuada y moderada promueve la salud y disminuye el riesgo de ciertas patologías, pero si es llevado al exceso puede generar justo lo contrario.


Se podría pensar que si se pierden proteínas por la orina, la solución sería ingerir más proteínas para reponer las pérdidas; pero esta línea de pensamiento conlleva dos errores


 

Gustavo A. Useche Bonilla. Residente de 3er año.
Dra. Ana Oltra. Coordinadora del blog.
Servicio de Nefrología. CHGUV