Juan Carlos interviene al conocer la diálisis de aquellos años, y confiesa que menos mal “que me ha tocado la enfermedad ahora y no hace 40 años”. Reconoce que eso le anima, “y el cuerpo se acostumbra a las sesiones, al principio te dan mareos y calambres, pero nada que ver con lo de entonces, hoy en día la gente no suele morirse en diálisis”.

Al hablar de su enfermedad, sin embargo, Juan Carlos habla en presente. Es su día a día. “Al principio fue muy duro, luego uno se acostumbra, y tuve la ayuda de una psicóloga”, añade. Y al respecto, relata una anécdota del día anterior: “Cuando iba a diálisis subí con mucha energía y me tuve que frenar porque me dije a mí mismo, ¡pero si vas contento y todo, no puede ser! (sonríe)”. Acude tres veces a la semana, cuatro horas cada sesión. “Lo único que te priva un poco es a la hora de quererte ir de vacaciones, porque lo tienes que planificar con mucha antelación, por lo demás, haces una vida normal”, aclara Juan Carlos. Quizás, lo más duro para él es que no pueden beber lo que quieren, “y cuando nos hemos pasado se nos seca la boca, porque es todo psicológico, y llega un momento que uno se acostumbra, y en verano, que se puede beber más, al final te cuesta”. Juan Carlos como todavía orina puede beber medio litro más de lo que orina, pero normalmente, la gente no orina y puede ingerir hasta medio litro al día. El diagnóstico de la enfermedad lo recibió cuando tenía 30 años, con riñones poliquísticos.

“y a mí me han ofrecido riñones pero de momento no, porque tengo la sensación de responsabilidad, por si me pasa con el donante vivo el rechazo que tuve, me costó asimilarlo“. Pero bromea que como su tiempo de diálisis se prolongue dos o tres años más, “igual acepto”.

¿Y cómo se vive esa llamada tan esperada?

Juan Carlos contesta rápido y confiesa que cada vez que le llaman de un número largo piensa que es del hospital, y me digo “¡Mi riñón!, pero acto seguido me muero de miedo”.

La causa por la que falló el primer trasplante de Juan Carlos fue por un coágulo en el riñón. “No pasaba mi sangre y a los dos días me lo tuvieron que quitar”, relata. A él le han llamado un total de seis veces, una de ellas para recibir el órgano.

¿Y el mayor miedo?

Cuando esperas un trasplante a que no te toque a ti, y si te toca quieres salir corriendo para decírselo a todo el mundo. Por el contrario, el temor de Juan Carlos es a que su cuerpo rechace el nuevo riñón.“Cuando me tocó, no salí pensé en salir corriendo como Paco sino que colgué una foto en las redes sociales”.