Paco habla en pasado, y esa etapa, vivida en dos ocasiones, la recuerda con un único pensamiento: “Yo quería vivir, a mi era lo que me importaba”, sentencia. En su primera etapa la diálisis fue muy dura, “la peor”, y rememora la alta mortalidad, la cantidad de gente joven junto a él. “Eran máquinas obsoletas, enormes, con 240 litros de agua, y tenías que estar más de ocho horas”, argumenta, y lo peor era que se producían la continua rotura de los dializadores, “fuimos transfundidos muchísimas veces, y los crónicos contrajimos la hepatitis C”.

Paco reconoce el gran avance, y de nuevo asegura que era muy duro, “se perdía mucho peso, de golpe hasta tres kilos, tenías problemas de mareo, calambres, se te subían los gemelos y todos éramos de color indio, pálidos, además de anémicos por las roturas y pérdidas de sangre”.

Lo importante es vivir, “y hay que dar gracias al tipo de enfermedad que tenemos, que tiene muchas alternativas, otro tipo de enfermedades no las tiene”, subraya. En esto asegura que no se puede elegir, “nos ha tocado vivir esta vida y tienes que hacerla hermosa, primero por ti, y por tu familia, mirar a las personas que tienes a tu alrededor”. En su primera diálisis decidió arriesgarse pese a saber que era muy duro, “yo prefería el riesgo, sin saber si iba a vivir un año o iban a pasar más de 42 desde entonces, hay que aprovechar las oportunidades que te da la vida, yo no pienso en el mañana, pienso en el ahora”, determina.

¿Qué se siente al estar trasplantado?

El segundo trasplante fue tras cinco años en diálisis. “La libertad, esa es la palabra más hermosa que todo el mundo muchas veces no valora».

Paco vuelve a recordar su etapa en diálisis, cuando soñaba con un trasplante, en una época que era muy complicado recibirlo: “La ilusión de volver a orinar, o de pensar que el día que me trasplantasen me bebía un camión de Coca cola, o una jarra de zumo”, comenta. De hecho, precisa que tras su primer trasplante pidió una jarra de zumo de naranja y el cirujano le dijo que no se preocupase, “que me lo iban a poner pero que no me lo iba a terminar”. Este salmantino da las gracias a todas las personas que donan, sean hermanos en vivo o familias que han perdido a su ser querido. “Gracias a eso podemos volver a vivir una nueva vida”. Y al donante vivo, “no le pasa nada, mi hermana está perfecta, con un riñón se vive bien”.

“A los que se llaman sanos, que se controlen el tema de la hipertensión arterial, que un chequeo al año no hace daño. Y a los que van a ir a la máquina, que la miren con ilusión, que tienen un horizonte muy bueno y muy importante, y que su vida no acaba detrás de una máquina, es una fase más de la vida”